"El hombre que gana es aquel que cree poder hacerlo", repetía constantemente el doctor Christiaan Barnard, quien fue el primero en realizar un trasplante de corazón. Harold Connolly fue uno de los atletas que mejor supo interpretar aquellas palabras. Como consecuencia de un parto complicado, 'Hal' sufrió daños severos en el nervio de su brazo izquierdo, evitando que su extremidad se desarrollo normalmente y de manera adecuada. Durante su infancia, Connolly sufrió fracturas en trece oportunidades. Debido a estos problemas, su brazo izquierdo llegó a medir cuatro pulgadas y media más corta que el diestro, y su mano izquierda dos tercios de la medida de su derecha. Harold empleó el lanzamiento de martillo para fortalecer su brazo izquierdo, que tenía debilitado desde el nacimiento y también tras lesiones sucesivas que se ocasionaron mientras practicaba fútbol americano y lucha. Según señala el prestigioso diario estadounidense, New York Times, durante la premiación en los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956, Connolly vivió un hecho anecdótico: "Cuando ganó su medalla de oro olímpica, los fotógrafos le gritó para levantar los brazos en señal de triunfo. Levantó sólo su brazo derecho".

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